Bullying es una palabra inglesa que significa intimidación. Desgraciadamente, esta palabra está de moda debido a los innumerables casos de persecución y de agresiones que se están detectando en las escuelas y colegios, y que están llevando a muchos escolares a vivir situaciones verdaderamente aterradoras. El bullying se refiere a todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes contra otro u otros.
La persona que ejerce el bullying lo hace para imponer su poder sobre el otro, a través de constantes amenazas, insultos, agresiones o vejaciones, y así tenerlo bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años.
¿Cómo saber si un niño es víctima de un acoso o un acosador?
Como se trata, en su mayoría, de un acoso invisible para los adultos, los profesores difícilmente reconocen de lo que está sucediendo a través de los padres. El agresor puede acosar en cualquier situación y lugar, como puede ser, en el aula, pasillo, baño, etc... E incluso que se trate de ciberbullying, siendo este a través de la tecnología.
No obstante, es importante que los padres mantengan siempre una comunicación abierta y positiva con sus hijos, y con el colegio, de esta forma, se consigue que los niños se sientan más seguros y puedan contar a sus adultos de referencia lo que les está pasando.
Por lo que, conviene saber algunas pautas con las que se podría detectar un posible caso de bullying:
- Cambios en su comportamiento.
- Cambios de humor, tristeza o irritabilidad.
- Trastorno en el sueño. Que le cuesta más dormir y suele tener pesadillas.
- Cambios en los hábitos alimentarios: comen compulsivamente, o les falta el apetito
- Rechazo continuado al colegio. Cuando verbalice que no quiere ir al colegio, una y otra vez, especialmente en las tardes de los domingos.
- (...) Entre otros.
Si hemos detectado que un niño es víctima de acoso, lo primero de todo es no culpabilizarle ni a él ni a los padres, ni al centro... Hay que intentar crear un clima de confianza adecuado tanto en el aula como en el domicilio, para que al menos sea capaz de desahogarse en su casa, aunque en el centro sea más complejo.
En definitiva, es importante que el niño cuente con habilidades sociales y con recursos para defenderse y para mostrarse más seguro de sí mismo. Aprender a ser asertivo y que diga lo que quiere, lo que le pasa, y lo que piensa, sin necesidad de imponerlo. El niño ha de aprender a ignorar al agresor, que no le demuestre que le afecta llorando o enfadándose, es decir, "débil" sino que le pueda responder con tranquilidad y firmeza.
Que sepa que no está solo y que siempre puede pedir ayuda.
Referencias:
Simón N. (2019). Educación y sociedad. "Tema 2. Aspectos sociopolíticos de la comunidad escolar y del currículo escolar". Publicado en Moodle. Universidad de Castilla - La Mancha.